He estado leyendo mucho
estos días y Dios me ha bendecido con algunos hallazgos estupendos que pienso
compartir con mis lectores a lo largo de los próximos artículos.
El
primer invitado a esta serie es THE QUEEN OF FATS, de Susan Allport, publicado por la Universidad de California en el 2006, y escrito, para usar las palabras de su autora, con el fin de explicar “por qué los
omega-3 fueron removidos de la dieta Occidental y qué podemos hacer para
volverlos a poner”.
Es un libro sabroso de leer
y fácil de entender a pesar de que el tema es un poco complicado para los que
no son químicos o biólogos especializados (no te creas, para el común de los
médicos también es un tema escasamente comprensible, por lo que leerlo les
haría mucho bien).
A través de su lectura pude
entender por primera vez por qué se llaman “omega” los distintos ácidos grasos
que debieran estar presentes en nuestros alimentos, por qué hay más de unos que
de otros, y por qué no debemos comprar ciertas mentiras que la industria de los
alimentos y la farmacéutica nos han estado vendiendo, y que han recibido
respaldo tanto de los médicos como de los nutricionistas.
Susan Allport nos lleva de
la mano para entender el intrincado mundo de las grasas. Resulta gracioso
descubrir que hasta 1929 se creía que la única función de las grasas era
aportar energía o servir de vehículo para la absorción de ciertas vitaminas, y
que no se las consideraba esenciales para la salud. Yo digo que lo trágico es
que con la manía LOW-FAT de finales del siglo XX, volvimos a las primeras
décadas de ese mismo siglo por mucho tiempo y desechamos los beneficios de
ciertas grasas (incluyendo algunas de las saturadas), y aún hoy en día,
demasiados médicos y nutricionistas no creen en los beneficios que tienen los
ácidos grasos omega 3.
Una pareja de científicos, George
Burr y su esposa Mildred, demostraron en 1929 que los ácidos grasos esenciales
clasificados desde 1923 como VITAMINA F, eran en realidad GRASAS. Uno de los
conceptos mal entendidos es que como las grasas puedes ser sintetizadas por
nuestro cuerpo a partir de los carbohidratos, no debían ser clasificadas como
esenciales. Pero las grasas que nuestro cuerpo hace son rígidas y menos
fluidas, más saturadas incluso que las encontradas naturalmente en el cochino o
en los peces.
Los resultados de los Burr
tardaron décadas en ser comprendidos completamente. Sólo a partir de 1960, con
el desarrollo de la ALIMENTACIÓN PARENTERAL (INTRAVENOSA) TOTAL que se usa para
sostener la vida de personas gravemente enfermas e incapaces de comer
normalmente, fue que se entendió finalmente que las GRASAS son esenciales.
Específicamente, los ácidos grasos omega 6 y omega 3.
En mis inicios en Terapia Intensiva, nuestros pacientes sólo recibían sueros intravenosos muy altos en azúcar con la idea fundamental de darles calorías. Eran pacientes gravemente enfermos que no podían comer o comían de manera insuficiente. La piel se les ponía seca y escamosa, con zonas enrojecidas. El cabello se adelgazaba notablemente y, en general, tendían a evolucionar tórpidamente, no sólo por su enfermedad de base, sino por la insuficiencia de grasas y minerales esenciales. Eso empezó a cambiar con la aparición de los primeros sueros con "grasa", que estaban hechos a base de aceite de soya, yema de huevo, glicerina y agua estéril. Era impresionante ver como muchos pacientes literalmente florecían con la administración de grasas intravenosas y minerales esenciales. Afortunadamente para estos pacientes, la yema de huevo les proporcionaba un tipo especial de grasa llamada fosfolípidos. Para entonces, el omega 3 era un ilustre desconocido.
Aunque hace bastante tiempo
le vengo recetando omega 3 a mis pacientes, no entendí del todo que tan
importante son estos ácidos grasos hasta no leer este libro. Ninguno de mis libros de texto en la escuela de medicina o durante mis especializaciones primarias lo mencionaban como esencial dentro de la alimentación. En medicina funcional, antienvejecimiento, integrativa, y quizás en la nutricional, en cambio, los ácidos grasos omega 3 verdaderamente son considerados como LA REINA DE LAS GRASAS.
Más en los próximos artículos.

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