domingo, 20 de enero de 2019

Entre la verdad y el mito: las matemáticas de las calorías, Parte 2

Ayer les presenté algunos aspectos acerca de los mitos sobre las calorías.
Veamos ahora algo de ciencia sobre la biología. 

The Noun Project, Creative Commons
https://thenounproject.com/icon/2066/
El cuerpo tiene un sistema preciso de control para ajustar el balance entre las calorías ingeridas y las que se gastan. Ese sistema se conoce como Appestat (1) o termostato (regulador) del peso corporal. Appestat es un neologismo en inglés que viene de Appetite y Thermostat. Friedman (2) lo llamó sistema biológico, y otros lo llaman “Set-Point” (Punto-Fijo) u Energy-Homeostasis, pero para todos viene a ser una sola cosa: un complejo sistema de control dentro de nuestro cerebro que ajusta las calorías que el cuerpo asimila y las que gasta, tanto de manera inmediata como a largo plazo, manteniendo estable el peso a lo largo del tiempo, ya seas obeso o no lo hayas sido nunca (3).

En cuanto a la creencia de que a través del ejercicio podemos perder peso, las matemáticas de las calorías tampoco resultan correctas, aunque la inactividad sigue apareciendo como una causa cierta según la propia OMS reseña en la citación (4) que mencioné en la parte 1 de este artículo.
Yo también compré esa creencia durante muchos años, y la defendía vigorosamente en mis consultas... por la razón equivocada. Y es que los pacientes suelen empezar con entusiasmo cualquier programa que ofrezca bajar de peso. Puede ser que hasta compren ropa deportiva especial o se inscriban en un gimnasio o se equipen con guantes y mancuernas para hacer ejercicios de resistencia.

Entonces vienen al primer control y se montan en la balanza y esperan con ansiedad el resultado. A veces este resultado les contenta, y otras los números son agridulces porque esperaban más. Pero los resultados, si los hay, se mantienen poco más del corto plazo. Es consecuencia del Appestat o termostato.

Consideren lo siguiente:
Cuando haces ejercicio, ¿cómo está tu apetito después? Aumentado, ¿cierto?
No porque seas adicto a la comida. Es una respuesta programada por la biología. Haces ejercicio, te da hambre, comes más, y la suma y resta no resulta a favor de perder peso como pensaste (5). Es decir, compensan, ya que en muchos estudios que se basan en programas de ejercicios dirigidos a adelgazar la reducción de peso es modesta y no pocas veces está muy lejos de ser la esperada (2013) (6)

Esa compensación también se demostró en estudios con adolescentes obesos y de peso normal: si realizaban una sesión de ejercicios intensivos en la mañana, en la tarde reducían su actividad, mientras que, si el ejercicio era de baja intensidad o descansaban en las mañanas, la actividad vespertina era normal. (2014) (7)

Estados Unidos está entre los países en los cuales se hace más ejercicio. Los italianos, en cambio, hacen cerca de un 40% menos (8). Sin embargo, Italia está en el puesto 80 (19.9% de obesidad en la población, en promedio) y Estados Unidos en el 11 (36.2% de obesidad en la población, en promedio), en los países de mayor tasa de Obesidad en el 2016, según su Índice de Masa Corporal o BMI (por sus siglas en inglés) (9, 10)

Quiero también citar, de manera textual, el siguiente párrafo tomado de un interesante estudio que aparece en el New York Times: “La teoría de que los recolectores-cazadores eran mucho más activos es una linda teoría. Pero ¿es verdadera?  A fin de averiguarlo mis colegas y yo recientemente medimos el gasto energético diario en la población Hadza, de Tanzania, una de las pocas poblaciones de recolectores-cazadores que aún quedan en el mundo. ¿Gastarán los Hazda, cuyo estilo de vida es tan similar a la de nuestros distantes ancestros, más energía que nosotros? Nuestros hallazgos, que recientemente publicamos en la revista científica PLoS ONE, indican que no, lo que sugiere que la inactividad no es la fuente de la obesidad moderna”. (2012) (11)

Las matemáticas de Comer menos, Moverse más, según los canales convencionales (asociaciones médicas, agencias gubernamentales dedicadas a la nutrición) y los que se aprovechan de las guías nutricionales que estos canales crean (industria de los alimentos, la farmacéutica, la del fitness), afirman que el sedentarismo tiene un rol importante en la epidemia de la obesidad tanto en niños como en los adultos. Pero como lo destacan muy bien Baylor (12) y Fung (13), si la carencia de ejercicio no es la causa de la obesidad, entonces no es la respuesta para curarla.

Nuestro mayor gasto energético es el resultado de las funciones de mantenimiento de nuestro cuerpo (respirar, mantener la circulación en marcha, orinar, la digestión, el funcionamiento del hígado, para no hablar de nuestro cerebro que, aunque pesa apenas el 2% del peso total de nuestro cuerpo, gasta el 20% de la energía total), mientras que caminar, por ejemplo, unos tres y medio km por hora, consume apenas un 5% del total del gasto energético.

Puedes objetar que caminar placenteramente es diferente a correr, y que correr produce cambios en la proporción. Y quizás yo hubiera podido estar de acuerdo contigo, pero una de mis labores como médico ha sido prestar mis servicios profesionales a una compañía dedicada al Software de Impuestos en Venezuela por más de once años. Allí trabajan unos setenta profesionales, en su mayoría jóvenes, a los que he evaluado anualmente durante ese lapso. Una buena parte de ellos les dedicaba al menos ocho horas semanales a los ejercicios cardiovasculares y de resistencia, y el incremento progresivo de su peso, grasa corporal y visceral, y envejecimiento metabólico, medidos con un InnerScan de Tanita (BC-1000), ponen en evidencia que el ejercicio regular e intensivo no parece ser la respuesta para mantener un peso adecuado. Muchos de ellos tienen un IMC entre 27 y 29 (sobrepeso), y algunos son francamente obesos; hay hipertensos entre ellos, y una incidencia importante de resistencia a insulina (incluso tres de ellos son diabéticos).

El único cambio que pude constatar ocurrió en los últimos dieciocho meses cuando se hizo difícil conseguir arroz, azúcar y otras harinas refinadas, típicas de la dieta diaria venezolana, lo que ocasionó una disminución dramática tanto en peso como en grasa corporal y visceral, así como  cambios positivos en la data de la resistencia a la insulina, (incluso dos de los tres diabéticos dejaron de serlo). Y no fue gracias a reducir calorías y mantener el ejercicio ya que debo agregar que por las dificultades económicas inherentes a los cambios financieros que se han presentado en Venezuela en estos 2 últimos años, la mayoría tuvieron que renunciar a sus asiduas visitas al gimnasio, o disminuirlas significativamente.

Al reaparecer el azúcar y los almidones en el mercado negro, los que contaron con el dinero suficiente (o fueron auxiliados por la gerencia de la empresa) para volver a adquirirlos, retornaron a sus índices de sobrepeso y obesidad previos, incluyendo aquellos lque volvieron, al menos parcialmente, a las sesiones de gimnasio. Los que siguieron limitados para adquirir esos rubros, y que además tuvieron que mantenerse fuera  del gimnasio por los costos insostenibles para ellos, han seguido perdiendo peso y grasa tanto corporal como visceral.

Ahora bien, este artículo no niega que hacer actividad física indudablemente tiene múltiples beneficios para la salud, tanto física como mental y emocional, pero uno de ellos, per se, no es la pérdida de peso. 

Porque, finalmente, no es un problema de matemáticas. Es de biología.

No dejes de leer mi próximo artículo sobre Entre la verdad y el mito: las matemáticas de las Calorías, que prometo publicar en muy corto plazo.

Referencias
3 Leibel, RL: Changes in energy expenditure resulting from altered body weight https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7632212

5 Church, TS et al, Changes in Weight, Waist Circumference and Compensatory Responses with Different Doses of Exercise among Sedentary, Overweight Postmenopausal Women

6 Melanson, EL, Resistance to exercise-induced weight loss: compensatory behavioral adaptations https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23470300
7 Thivel, Is there spontaneous energy expenditure compensation in response to intensive exercise in obese youth? https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23447495
Citación tomada de World Health Organization, 2014, accesada Septiembre 2018 en: https://www.revolvy.com/page/List-of-countries-by-body-mass-index, y
12 Baylor, J. (2015),  - The Calorie Myth. Harper Wave: Estados Unidos. Recuperado de: http://a.co/d/gdwaIGN
13 Jason Fung (2017) El Código de la Obesidad. Editorial Sirio, Barcelona, España. Recuperado de: http://a.co/d/b3NoO0Y












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