martes, 3 de mayo de 2011

¡Tsunami!...continuación


“En medicina, se presentan a menudo hechos mal observados e indeterminados que constituyen verdaderos obstáculos para la ciencia, porque se los opone diciendo siempre: Es un hecho, hay que admitirlo”.

Escrito por Claude Bernard, biólogo teórico, médico y fisiólogo francés, en “Una Introducción al Estudio de la Medicina Experimental”, 1865

Foto con permiso de:

Mi segunda anécdota tiene que ver con la Paradoja Eisenhower (como la llama Gary Taubes en su libro Good Calories, Bad Calories). La anécdota comienza el 23 de Septiembre de 1955, momento en el que el Presidente Dwight Eisenhower tuvo su primer infarto (tenía 64 años de edad). Para la mayoría de los estadounidenses, el ataque cardíaco de Eisenhower fue una experiencia de aprendizaje acerca de la enfermedad coronaria: se daban dos partes médicas cada día para informar de su salud, y sus médicos dejaron muy en claro que los hombres, particularmente los de edad mediana, debían tomar en cuenta el colesterol y la grasa en sus dietas.
http://www.flickr.com/photos/fdctsevilla/

Sabemos de Eisenhower que no tenía historia familiar de enfermedad cardíaca, que se ejercitaba regularmente, que su peso se mantenía óptimo para el estándar de salud de la época y que había dejado de fumar 6 años antes. Su tensión arterial sólo se elevaba ocasionalmente, su colesterol estaba muy en el rango de lo que aún hoy se considera un valor normal: 165 mg/dl.

Después de este infarto, Eisenhower se sometió a una dieta estricta e hizo que le midieran el colesterol ¡10 veces al año! Sus alimentos tenían muy poca grasa y aún menos colesterol, usaba estrictamente aceites vegetales (maíz, desde 1959) y la recién descubierta margarina (1958). Sin embargo, cuanto más dieta hacía más frustrado se sentía. Cuanto más recortaba sus calorías y ejercicio hacía, más subían su peso y su colesterol.

Para cuando su colesterol, a pesar de haber suprimido quesos y huevos, usar leche descremada y frutas, y comer carne muy ocasionalmente, llegó a 259. Precisamente para esa misma época el fisiólogo de la Universidad de Minnesota Ancel Keys ocupó la portada de la revista Times abogando precisamente por el tipo de dieta “sana para el corazón” en la que Eisenhower había perdido su batalla con el colesterol en los últimos 5 años. Dos semanas más tarde, la Asociación Americana de Cardiología respaldó oficialmente las dietas “low-fat, low-cholesterol” (dietas bajas en grasa y colesterol) como un medio para prevenir la enfermedad cardíaca, a pesar de que los investigadores en el campo estaban en franco desacuerdo en cómo interpretar la evidencia que apoyaba la hipótesis de que la enfermedad era causada por la grasa en la dieta.

Me acuerdo claramente que durante mi segunda residencia en Terapia Intensiva uno de los cardiólogos que pasaba por la UCI comentó que los “huevos no eran dañinos para el corazón” y yo sentí, debo admitir con suma vergüenza hoy día, un profundo desdén por su afirmación. La soberbia de nosotros los médicos es abrumadora, por decir lo menos. Si hubiese llegado a mis oídos la Paradoja Eisenhower, la hubiese considerado como una “experiencia anecdótica” y la habría desestimado sin pensarlo dos veces.

Para ese entonces yo seguía fielmente una dieta bien “low-fat”, hacía ejercicio, pero ya estaba hipertensa y sufría de frecuentes migrañas y gastritis crónica. Mi mamá, una persona delgada, activa, muy moderada en su alimentación, había muerto escasamente un año antes por complicaciones de una cirugía de by-pass coronario. Mi papá había sido hipertenso, todos mis hermanos también eran hipertensos.

La hipótesis de la grasa en la dieta todavía hoy es un fuerte paradigma que no ha podido ser modificado. Después de todo, ¿qué tan ilógico puede sonar que la grasa en nuestras arterias y en el corazón no provenga de las grasas en la comida?

Como sale en las series de televisión:

“TO BE CONTINUED…”
(“continuará…”)





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