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lunes, 30 de julio de 2012

Caminando


Foto: Autor, Stefan Eggert. Wikimedia Commons 

Hace unos días estuvo una paciente en mi consultorio y, para mi asombro, me comentó que en opinión de su endocrinólogo “caminar no era ejercicio” y que, por lo tanto, tenía que hacer ejercicio expresamente dirigido, en gimnasio o sitio similar. Este “especialista” ha olvidado que el ser humano tiene millones de años de existencia, que los gimnasios son de reciente aparición, que caminar es el “ejercicio” más antiguo que existe y que está comprobado que funciona.


¿Con qué autoridad hago semejante afirmación? Primeramente, con la de la observación, para lo cual no necesito ser médico, aunque serlo generalmente da más habilidades porque mucho de la buena medicina se basa en observación; y en segundo término, con el apoyo de innumerables estudios científicos, de los cuales cito algunos al final de este artículo.

Durante todos los siglos de existencia del mundo, el desplazamiento cotidiano de un lugar a otro se hizo caminando. Sólo cuando la población se hace urbana y simultáneamente sedentaria, es cuando los efectos de una mala dieta se potencian y aparece una epidemia de obesidad. Ciertamente el exceso de calorías y la mala alimentación contribuyen de manera significativa a la obesidad, pero la vida sedentaria es un amplificador de esa mala alimentación.

Quizás este especialista basa sus indicaciones en la falta de disciplina que exhibimos para sólo caminar cuando nos apetece, pero numerosos estudios científicos han demostrado que caminar de manera regular es sumamente beneficioso y efectivo.

Hablemos, pues, qué hace el caminar.
Para comenzar, aumenta nuestro gasto calórico, no sólo en número, sino en la energía que invertimos para caminar. Ambos conceptos no son enteramente lo mismo pues, aunque no se consuman muchas calorías por cada minuto que pasamos caminando, el movimiento en sí requiere que nuestro organismo reorganice sus fuentes de energía y ponga en marcha nuestra masa muscular. Si aplicamos el principio de la inercia, en el cual siempre se requiere más energía para iniciar el movimiento (o detenerlo), veremos que algo pasa en nuestro interior. Y digo veremos, porque si caminamos de manera consistente y regular, al final de cierto tiempo habrá cambios visibles: más fuerza muscular, mejor ánimo, mejor ritmo al respirar, y un metabolismo basal más elevado.

¡Hum! Metabolismo basal…¿Qué es éso?
Es la energía básica necesaria para respirar, dormir, mantener nuestro corazón latiendo, haciendo funcionar nuestros órganos para mantenernos vivos. Si yo aumento progresivamente este metabolismo basal y no consumo calorías de manera excesiva, este cambio va a tener un impacto para acercarnos a nuestro peso óptimo. Aquí funciona muy bien lo del interés compuesto: es como cuando ahorras, al principio la cantidad se ve insignificante, pero con el tiempo, es mayor que la suma de lo que se ahorra regularmente.

¿Cuenta el tiempo que caminamos y la intensidad con qué lo hacemos? Ciertamente, pero cuenta más la regularidad semanal: es más efectivo caminar 20 minutos todos los días que 1 hora sólo 2 días a la semana (por ejemplo, sólo fines de semana). He visto muchos “guerreros de fin de semana” que se quejan de que su salud no tiene cambios positivos a pesar de que hacen ejercicio al menos por una hora; lamentablemente, también ocupan sus horas después de su trabajo de lunes a viernes como habitantes del sofá y la televisión.

¿Qué pasa si hace mucho que no camino o si tengo una obesidad importante o problemas con las rodillas o con el corazón?
Salvo que tu médico de cabecera lo contraindique, empieza poco a poco: con pasos de bebé.
Puedes reírte con incredulidad, pero si comienzas con 10 minutos diarios y aumentas 1 minuto por semana, en 20 semanas estarás caminando 30 minutos diarios y habrás formado un hábito.

Public Domain, Wikimedia Commomns
Caminar regularmente, además, fortalece el sistema circulatorio y el inmune, sube el colesterol “bueno”, disminuye la obesidad visceral y la resistencia a la insulina. Si quieres más información sobre otros efectos, revisa el primer artículo sobre actividad física de este blog. Puedo decir, por experiencia propia, que el simple hecho de caminar a mis perros me ayudó notablemente con mi peso, tensión arterial y condiciones físicas y emocionales.

Quizás no te guste caminar. Si tienes chance de hacer una actividad física que te guste, ¡excelente!, si la respuesta es no, entonces…¡camina!, te guste o no. Muchas cosas hay que no nos gusta hacer, pero menos nos gustan los resultados de no hacerlo.

  1. Brill, J. Perry, AC. Parker, L. Robinson, A. Burnett, K.   Dose Response effect of walking on weight loss.  How much is enough?  Inter. J. Obes. 2002. Vol. 24(11); pp. 1484-1493.
  2. Ross, R. Dagnone, D. Jones, P. Smith, H. Paddags, A. Hudson, R. Janssen, I. Reduction in Obesity and Related Comorbid Conditions after Diet-Induced Weight Loss or Exercise-Induced Weight Loss in Men. Ann. Intern. Med.  July 18,2000. Vol. 133(2);pp. 92-103.
  3. Jakicic, J. Marcus, B. Gallagher, K. Napolitano, M. Lang, W. Effect of Exercise Duration and Intensity on Weight Loss in Overweight, Sedentary Women.   JAMA. 2003. Vol. 290(10); pp. 1323-1330.
  4. Church TS, Martin CK, Thompson AM, Earnest CP, Mikus CR, Blair SNChanges in weight, waist circumference and compensatory responses with different doses of exercise among sedentary, overweight postmenopausal women. PLoS One. 2009;4(2):e4515. Epub 2009 Feb 18.

lunes, 23 de abril de 2012

Dime con quien andas...

El Dr. Mark Hyman ha sido mi mentor "virtual" en diabetes a través de sus libros, blog, su página enInternet y sus videos. 
Quierocompartir hoy contigo algunos fragmentos de su charla en TEDMED 2012, recientementepublicados en su blog bajo el título “¿Pueden las Redes Sociales curar las enfermedades? Parte I”.


La semana pasada di una charla en TEDMED sobre cómo las Redes Sociales pueden ser unainesperada solución en nuestra crisis de salud. Hablé sobre...

…cómo podemosmanejar esta disparatada explosión de enfermedades crónicas degenerativasimpulsadas por el estilo de vida, como lo son la enfermedad cardiovascular,diabetes y obesidad (lo que yo llamo DIABESIDAD).

…pensar, siquiera,en cómo resolver este problema que le costará 47 trillones de dólares a laeconomía global en los próximos 20 años, y que para finales de esta décadaestará ocasionando la muerte de 50 millones de personas por año, el doble decualquier enfermedad infecciosa.
Mapa de Diabetes, 2011, Federación Internacional de Diabetes

…cómo podemospensar en un mundo dónde hay más gente son sobrepeso que hambrienta.

¿Cómo podemospensar en un mundo donde pronto habrá cerca de quinientos millones dediabéticos y mil millones de prediabéticos, y solo una fracción de doctores ytrabajadores de salud que los pueda atender? Estas no son enfermedades de losafluentes: ¡se expanden explosivamente en los países más pobres sobre latierra!


Era elprimero de Enero del 2010, y estos pensamientos me vinieron cuando terminé deleer un libro del Dr. Paul Farmer, quien logró tratar con éxito enfermedades comola tuberculosis y el SIDA, catalogadas como intratables, en lugares como Haití, Lima o Ruanda, 
a pesar de la extrema pobreza.

Paul se diocuenta de que no era necesario un nuevoavance en la ciencia, o una nuevamedicación, sino algo muy simple: reconstruir las comunidades y la conexiónrota entre ellas

La genialidad de Paul fue su visión de que la clave para resolver los problemas  no solucionables del sistema de salud radicabaen gente ayudando a gente, en el apoyo entre sí, en acompañarse el uno al otro en el camino a la salud, en acompañarse el uno al otro parareconstruir las comunidades con agua limpia, alimentos, y yendo a las casaspara asegurarse de que el vecino enfermo supiera cuándo y cómo tomar susmedicinas. 
Lo que resultó ser un mejor modelo para la distribución correcta delmedicamento o la información, ya que la comunidad se convirtió en parte de lamedicina, de la cura.

Public Domain, Wikipdia Commons
Ese mes deEnero del 2010 ocurrió el terremoto en Haití.  Me fui con Paul Farmer como parte de unamisión de ayuda, y en una de mis reuniones con la Dr. Alix Lassegue, delhospital más importante de Haití, tuve el conocimiento de que las causas másfrecuentes de admisión al hospital no eran la tuberculosis o el SIDA, sino ladiabetes, la hipertensión y la enfermedad cardiovascular, 90% de las cuales sonprevenibles o reversibles a través de cambios en el estilo de vida.
Estas enfermedadescrónicas han alcanzado cada esquina y cada persona del planeta. La mayoría de ellas,incluyendo el cáncer, el ACV, y aún el Alzheimer, tienen la misma causa o raíz.

Cerca del 80%de los diabéticos están en países pobres, ¡y la mitad de ellos (y casi todoslos prediabéticos) aún no saben de estos diagnósticos!

Allí en Haití, en medio de sangre, pus, y miembros y vidas amputadas, me di cuenta de que había estado demasiado inmerso en la biología delas enfermedades, y que había pasado por alto algo mucho más importante: que la mayoría de las enfermedades crónicasson, muy a menudo, una enfermedad SOCIALmás que un problema de biología.

Hoy en díasabemos que es más probable ser obeso si nuestros amigos son obesos, que el que nuestros padres sean obesos. 
Que los lazos genéticos pueden ser menos importantesque los lazos sociales, y que nuestras conexiones sociales y nuestra necesidadancestral de ser parte de una tribu, pueden ser el camino a la epidemia deenfermedades crónicas. 
Que puede ser que la SOCIOGENÓMICA, o cómo las redes sociales influencian la salud y laenfermedad y alteran la expresión genética, sea el lugar que debamos mirar paraencontrar la solución. 

No podemosmedicar nuestro camino para escapar de una mala dieta. Es un sinsentido tomar una estatinamientras nos comemos una hamburguesa doble con queso, papas fritas y unagaseosa.

Pero se hadescubierto una nueva droga que puede modular beneficiosamente miles de genes, potenciar la función de  docenas dehormonas, regular decenas de miles de redes de proteínas, y prevenir o incluso revertir la mayoría de las enfermedades crónicas. Trabaja más rápido, mejory es más barata que cualquier otra droga descubierta, y está al alcance de casicualquier persona en el planeta en este mismo momento…

Es la comida.
Sabemos que los alimentos no sólo soncalorías, son información, y puedenactualizar nuestro software biológico.

La mayoría delas enfermedades crónicas son una enfermedad de la alimentación. Comiendo nos metemos en el problema, y comiendo salimos de él. 

El colesterolalto no es una deficiencia de estatinas (un medicamento utilizado para bajarlo),así como la diabetes no es una deficiencia de Avandia (un medicamento usado enel control de esta enfermedad). No hacen que ninguno de estos problemasmejoren; con ellas sólo estamos “re-arreglando lassillas del Titanic”.

Las estatinasaumentan el riesgo de diabetes en mujeres en 48%, y Avandia, el bestseller #1 delos fármacos para el tratamiento de la diabetes, ocasionó casi 200.000 muertesdesde que entró en el mercado en 1999.

Las estatinas,diseñadas para prevenir los ataques cardíacos, causan diabetes, y losmedicamentos diseñados para tratar la diabetes están causando ataquescardíacos.

Ésto es el Farmagedón.

Después deHaití caí en cuenta de que la respuesta tenía que estar en otro lado. Si lasredes sociales pueden promover un estilo de vida que nos enferme, quizás podamosusar las redes sociales para crear salud.

Sabemos cómoprevenir, tratar e incluso revertir la diabetes y la enfermedad cardiovascular,pero hemos fallado miserablemente en hacerlo.
Podemoserradicar la diabetes tipo 2 de la misma manera en que el científico LarryBrilliant ayudó a erradicar la viruela.

Sin embargo,las personas se rinden cuando piensan en la obesidad y las enfermedadescrónicas que están matando a la mayoría de la población mundial.
Es demasiadoabrumador, demasiado grande. Pero yo no pienso que lo sea, yo creo que es unproblema pequeño, un problema local, un problema comunitario.

Después queregresé de Haití, algo en lo que comencé a pensar es que si estamos enfermos,el mejor lugar para crear salud puede no ser el consultorio del médico o laclínica, sino nuestra comunidad con un poco de ayuda de parte de nuestrosamigos.
Me di cuentade que sanar puede ser como ser parte de un equipo en los deportes.

Esta es la parte I. 
¡Tremendas reflexiones!

Comparte con nosotros qué piensas al respecto.

martes, 3 de enero de 2012

Más acerca de diabetes sin hiperglicemia


Si quedaste en shock ayer con lo de los niños en riesgo de diabetes, hoy puede ser que entres en coma. Ciertamente conozco unos cuantos médicos que deben pensar que estoy mal de la cabeza. Sin embargo no soy yo, es el Dr. Kraft quien presenta estas cifras demoledoras en la segunda parte de su libro Diabetes Epidemic & You, a lo largo de unas 20 páginas, en capítulos de acuerdo a segmentos por edades, minuciosamente compilado y digerido.

No te voy a abrumar con todos los detalles, eso es para compartir con los especialistas. Pero quiero resumir esas 20 páginas en algunos párrafos y gráficos que te harán comprender mejor el desarrollo de esa segunda parte.

El primer hecho importante es que cerca del 88% de los adolescentes tenían tolerancias glucosadas normales, pero al evaluar también las curvas de insulina, los resultados anormales llegaron al 75%. 


En las siguientes gráficas me tomé la libertad de agrupar las cifras por segmentos de edades basados en las mismas divisiones que hiciera el Dr. Kraft (cada 10 años). En la primera de ellas aparece el porcentaje de tolerancias glucosadas alteradas en relación a la cifra del total de los pacientes según cada grupo de edad 



Como podemos ver, las curvas de tolerancia glucosada se alteran progresivamente a medida que envejecemos, y empiezan a ser una prueba de mayor utilidad y mejor predicción en la edad madura.

En la segunda gráfica encontramos, en cambio, una constante de al menos 80% de curvas de insulina alteradas, EN TODOS LOS GRUPOS DE EDAD



por lo que es fácil argumentar, como lo hiciera el Dr. Kraft en su libro (y también en el trabajo científico presentado en 1975), que la curva de insulina es una prueba notablemente más valiosa que la tolerancia glucosada en el diagnóstico precoz de diabetes. O si quieres estar en el lado conservador, en la predicción del riesgo de desarrollarla.

Copio, ya para finalizar esta serie de entradas, la misma observación que el Dr. Kraft coloca en la portada de su libro:

¿Debe evaluarse así todo el mundo? 
¡Absolutamente no!
Sólo aquellas personas a las que les preocupa su futuro.



lunes, 14 de noviembre de 2011

Resistencia a la insulina, diabetes y el Dr. Kraft


Más sobre el artículo del Dr. Kraft (el de 1975, el libro queda para la próxima entrada).

Para que puedas entender un poco a que se refieren ciertos valores a lo largo de esta entrada y la que sigue, veamos cuáles son los criterios de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) establecidos para el 2006-2007, y que son los que usó el Dr. Kraft para la evaluación de las curvas de glicemia.



De acuerdo a los criterios de la ADA, de las 3.650 glicemias evaluadas en el trabajo del Dr. Kraft en 1975 sólo se detectaron anormalidades en 1.937 curvas. Las demás, 1.713, podían ser catalogadas como “normales” si se basaba la calificación de "normalidad" exclusivamente en los valores de las glicemias.




Las primeras pruebas de insulina a nivel hospitalario comenzaron en 1970, y pronto se convirtieron  en parte del programa de investigación y desarrollo del Departamento de Patología Clínica del cual era miembro el Dr. Kraft desde 1965. Los criterios sobre los valores de insulina se agruparon en 5 patrones dinámicos: 1 patrón de "euinsulina" o patrón normal y sin diabetes, 3 patrones intermedios  de "hiperinsulinismo" o resistencia a la insulina (considerados como típicos de diabetes tipo 2), y 1 patrón de "hipoinsulinismo", o de baja producción, al que se le consideró como típico de la diabetes tipo 1.  

Los valores iniciales de insulina "normal" se establecieron alrededor de 30 pero los numerosísimos tests de laboratorio que se realizaron en el Hospital St. Joseph establecieron ese valor en una media de 8. Como resumen, para no enredar más esta historia y tener una perspectiva más clara, tenemos esta tabla:


A estos primeros 3.650 pacientes del artículo del Dr. Kraft de 1975 se les realizó simultáneamente una curva de insulina, y se encontró que de los supuestos “negativos”, al menos el 64% tenían valores limítrofes o elevados de insulina, por lo que las cifras finales resultaron muy diferentes.




Y las cifras finales deberían haber encendido una alarma más allá de las paredes del hospital donde el Dr. Kraft trabajaba, pero la ADA (Asociación Americana de Diabetes) no tomó sus números en cuenta al momento de establecer normativas para la evaluación de personas en riesgo de diabetes.


Para el Dr. Kraft, sin embargo, esas cifras sólo podían ser calificadas como:

HIPERINSULINISMO, INSULINO-RESISTENCIA, DIABETES TIPO 2


Seguramente piensas que el Dr. Kraft es un exagerado. Y yo estaría de acuerdo. Pero todos estos años en los que mi equipo de colaboradores y yo hemos estado trabajando en identificar personas en riesgo de diabetes le dan la razón. Por eso, nada tienen de extrañar las cifras publicadas por la International Diabetes Federation (ver entrada del 14-10-2011 titulada Diabetes al Día).

Y quiero que tengas en cuenta (bueno, más el médico que te atiende), que el Dr. Joseph Kraft presenta este libro basado en su ¡¡¡¡EXPERIENCIA ACUMULATIVA DE 14.384 PRUEBAS DE TOLERANCIA GLUCOSA-INSULINA REALIZADAS EN EL HOSPITAL ST. JOSEPH DE CHICAGO DURANTE LOS AÑOS 1972 A 1998, MIENTRAS ERA EL JEFE DEL DEPARTAMENTO DE PATOLOGÍA CLINICA Y MEDICINA NUCLEAR DE ESE HOSPITAL!!!!



¿Y a quiénes se les realizaron estas pruebas? A pacientes del staff médico del hospital en los que se quería identificar o descartar  si tenían prediabetes o diabetes.



Bueno, basta por hoy.
Sé que es demasiada información pero espero releas esta entrada varias veces porque aunque no seas médico, puedes compartirla con él o ella, y tú informarte y aprender progresivamente sobre una realidad brutal que está afectando a millones de personas. En ese universo afectado me encuentro yo y creo, sin lugar a dudas, que tú y/o quizás un familiar o amigo también puede estarlo.

¡Ánimo! ¡ESTO TIENE SOLUCIÓN!


domingo, 13 de noviembre de 2011

El Dr. Joseph R. Kraft


Puede que pienses que el Dr. Kraft tiene que ver algo con la mayonesa, pero es sólo coincidencia en su apellido.

Durante años he sentido que estaba sola en este camino de evaluar personas en riesgo de diabetes, excepto por mis colaboradores y compañeros del Programa Vida Sana. Y revisando material para este blog, encontré no sólo un artículo del Prof. Joseph Kraft publicado en 1975, sino un estupendo libro llamado DIABETES EPIDEMIC & YOU, que salió por primera vez de la imprenta en el 2008, y ha sido reeditado en marzo de este año.

A medida que leía este libro mi pulso se aceleró y comencé a temblar. Después de años de enfrentar comentarios inapropiados de mis colegas basados en el hecho de no ser yo endocrinólogo o diabetólogo, el Dr. Joseph Kraft me proporcionó una abundancia de pruebas que superó todas mis expectativas.

Pruebas que son, por decir lo menos, abrumadoras.

El Dr. Kraft presenta en su libro las estadísticas recopiladas en 14.384 pruebas de glicemia-insulina llevadas a cabo de 1972 a 1998 en el Hospital St. Joseph de Chicago. La cifra es inimaginable y sin precedentes. Ya en su trabajo científico presentado en 1975 había una cantidad impresionante de estas pruebas de laboratorio: 3.650. Y las conclusiones para ese entonces fueron desestimadas por razones muy similares a las de otros colegas que desestiman las mías. Sin embargo, con el Dr. Kraft esa desestimación es grotesca ya que la documentación es muy detallada, las pruebas son extensas, hay seguimientos de un buen número de pacientes y el Dr. Kraft es, entre otras especialidades, patólogo, lo que lo llevó a realizar numerosas autopsias de muchísimos pacientes. Esas autopsias le han permitido hacer correlaciones clínicas que se han perdido en la actualidad ya que las autopsias hoy en día se realizan prácticamente sólo en casos médico-forenses y no para estudio clínico, salvo contadas excepciones.

El Dr. Kraft tituló su trabajo “Detection of Diabetes Mellitus In Situ (Occult Diabetes)”. Diabetes Oculta es lo que hoy podríamos llamar PREDIABETES.

¿Qué nos decía el Dr. Kraft entonces? Hablemos un poco de las cifras y cómo interpretarlas, o más bien, cómo él las interpretó y qué importancia tienen esos resultados.

Se hicieron 3.650 pruebas de glicemia-insulina: se tomaba una muestra de sangre en ayunas, se les daba a los pacientes un jarabe dulce que contenía 100g de glucosa, y se tomaron muestras de sangre 30 minutos, 1, 2, 3 y 4 horas después. 1.937 pacientes resultaron POSITIVOS para diabetes basados en los resultados de glucosa en sangre.

De por sí, este hallazgo es impactante ya que los pacientes tenían pruebas previas de glicemia consideradas normales. Para ese momento, y tristemente todavía hoy, no había consenso acerca de realizar este tipo de pruebas en personas cuyas glicemias en ayunas no estuvieran por encima del rango normal. Y digo tristemente porque si estas personas no hubieran sido evaluadas con una prueba de glucosa vía oral, no se les habría diagnosticado su Diabetes. Si siguieron o no algún tratamiento o modificación en su estilo de vida es algo que  no sabemos. Sin embargo, el sólo hecho de saber que tenían diabetes al menos debe haber cambiado su perspectiva.

Algunas de las personas que hemos evaluado en consulta o las jornadas del Programa Vida Sana también tenían glicemias en ayunas normales, y aunque nuestra prueba es muy elemental al compararla con las del Dr. Kraft, el detectar a quienes están en riesgo las hace valiosas. Y todo lo que es necesario es un glucómetro capilar, unas cuantas tiras y la disposición de probar qué pasa cuando nos cargamos de carbohidratos.

Más sobre el Dr. Kraft para mañana (lo prometo).

lunes, 7 de noviembre de 2011

Resistencia a la insulina: una introducción



El Dr. Christopher Gardner, en su video “The Battle of diets: is anyone winning (at loosing)?, calificó de “píldora amarga” el haber descubierto que la dieta Atkins era la que mejores resultados producía en el manejo de las pacientes con resistencia a la insulina. Para un vegetariano convencido, la dieta del Dr. Atkins, que maneja principalmente proteínas de origen animal, ha debido ser un duro golpe.
No lo fue menos para mí. Yo probé esa dieta hace unos 14 años y funcionó bien para perder peso, pero no para mis grasas en la sangre. Hoy ya sé por qué “subieron” pero dejemos eso para un poco más adelante.
Vayamos primero a la resistencia a la insulina: ¿qué es? ¿cómo se diagnostica? ¿qué produce en las personas qué la tienen?
La resistencia a la insulina se define como una condición en el organismo en la que la insulina que produce el páncreas se vuelve progresivamente inefectiva en el proceso de almacenamiento de la glucosa en los músculos y células adiposas (grasa) y en el hígado. Inicialmente el páncreas responde aumentando la producción de insulina para normalizar las cifras de glucosa en sangre (glicemia). Con ese aumento a veces logra compensar su efecto disminuido y mantener un nivel normal de glicemia; a medida que pasa el tiempo, sin embargo, se hacen necesarias cantidades cada vez mayores de insulina para mantener la glicemia en rangos normales, y finalmente la ineficacia de la insulina o la falla del páncreas para producirla llevan a un descontrol de la glicemia que resulta en diabetes. El exceso de producción de insulina tiene efectos poco favorables en nuestro organismo y lleva a la aparición del llamado Síndrome Metabólico y Diabetes.
Los criterios de laboratorio para hacer el diagnóstico de “riesgo de resistencia la insulina” que usa el grupo de Life Extension, y que yo apoyo en un 100%, incluyen:
  • Insulina en ayunas igual o mayor a 15 uU/ml
  • Triglicéridos en ayunas igual o mayores a 130 mg/dl
  • Relación Triglicéridos/HDL colesterol igual o mayor a 3.0

(“The Twenty-First Century Epidemic”, Steven Joyal, MD, LE Magazine 2006)

Y decimos riesgo porque es una manera indirecta de medir esa resistencia. Las pruebas más específicas son muy laboriosas y se hacen sólo dentro de estudios científicos muy estrictos y de poco uso masivo, así que estos 3 parámetros pueden usarse como guías en la práctica médica diaria.

El aumento de peso es el efecto más frecuente de esa resistencia, y el que trae al mayor porcentaje de los pacientes a mi consulta. A estos pacientes, con mucha frecuencia, se les ha hecho exámenes de glicemia en ayunas y a las 2 horas después de comer (Glicemia postprandial de 2 horas). Esta valoración es incompleta porque no incluye la determinación los tiempos intermedios como 30, 60 y 90 minutos post desayuno.

Cuando yo empecé a hacer las glicemias en mi consultorio y en jornadas para grupos, nos dimos cuenta de la importancia de medir los tiempos intermedios. Un buen número de personas tenían valores considerados como normales tanto en ayunas como a las 2 horas, como puedes ver en la imagen A, pero cuando se les tomaba los valores intermedios nos encontrábamos con valores anormales (imagen B).



Después de cientos de pacientes, y de correlacionar los valores con pruebas de laboratorio más completas, establecimos criterios simples de “normalidad” en las medidas de las glicemias postprandiales. Podrás leer más en nuestra próxima entrada.



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