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lunes, 9 de abril de 2012

Un Cerebro Vegetal

Quizás digas que tengo pasión por las nueces.
Y tienes razón. Pero he insistido en escribir sobre ellas porque me parecen un alimento natural absolutamente increíble. Hay, sin embargo, muchos mitos alrededor de su consumo, por lo que no tiene el puesto que se merece cuando seleccionamos qué comer.
Hoy quiero compartir contigo algunos hechos sorprendentes con respecto a este fruto seco, para que así saques tus propias conclusiones.

Históricamente su uso es milenario: al menos desde 7000 años antes de Cristo, de acuerdo a la página Walnuts California, y no solamente como alimento, sino también como medicina para el alivio o cura de numerosas enfermedades. Se cree que son originarias de Persia, desde dónde fueron exportadas hasta Grecia y Roma en los intercambios comerciales de la época.

La nuez proviene del árbol de Nogal, cuya madera es muy apreciada en la fabricación de muebles, en la construcción y para su uso en revestimientos interiores. 

Wikipedia Common, autor: Bóhringer Friedrich

Aunque está muy difundida globalmente, su obtención en los países tropicales puede ser limitada, pues no se puede cultivar localmente y proviene totalmente de la importación.

¿Qué hace de la nuez un alimento tan especial?
Lo primero que se me ocurre es compararla con un cerebro. La naturaleza tiene, a veces, sus maneras curiosas de recordarnos los beneficios de un alimento en particular, y creo que no es casualidad que la forma de la nuez sea tan parecida a la del cerebro.


¿Por qué creo que no es casualidad? Como lo mencioné en uno de mis artículos anteriores, es el único fruto seco o semilla de árbol que contiene Omega 3: en cada onza (28 gramos), hay 2,5 gramos de ácido alfa-linolénico (ALA), con una proporción muy aceptable de Omega 3 a Omega 6 (relación 1 a 4). El Omega 3 es indispensable como constituyente de las membranas de las neuronas y para la función cerebral. De ahí que me dé tristeza (para decir lo menos), que su incorporación en la alimentación sea desestimada y/o restringida por los nutricionistas (y sus parientes médicos), por considerar que aportan demasiadas calorías. 
Además, y esta es mi opinión, creo que el Gran Hacedor de todas las cosas tiene su forma muy particular de hacernos ver ciertas similitudes: un obvio parecido entre el cerebro y la nuez ya pelada, así como entre los recipientes, el cráneo y la cáscara de la nuez.

¿Y qué hay sus otros componentes? 
No menos sorprendentes: aportan, onza a onza, hasta 10 veces más folatos (una vitamina del grupo B) que la carne (!!!!!); casi la misma cantidad de proteínas que la merluza (4g vs 5g); la misma cantidad de fibra que las caraotas negras (frijoles), pero con menos carbohidratos (apenas 2g netos por onza de nueces). A esto podemos agregar que contienen antioxidantes, fitoesteroles, y son ricas en diversos minerales, entre ellos magnesio. 

En un artículo, publicado en el 2011 por la American Chemical Society, se califica a las nueces como el fruto seco con mayor contenido de antioxidantes beneficiosos para la salud cardiovascular, a pesar de lo cual la FDA recientemente obligó a Diamond Food, una de las mayores empresas norteamericanas dedicadas a proveer nueces, a desistir de imprimir en sus empaques afirmaciones sobre los beneficios cardiovasculares de las nueces, bajo la premisa de que si un alimento puede prevenir enfermedades, debe ser considerado como una droga (farmacológica), como puedes leer en la cita a continuación:


¿Qué tal? (Espero que te dé tanta rabia como a mí, aunque la exclamación que yo proferí fue bastante más fuerte, pero no la reproduzco aquí por respecto a mis lectores).

Hay otra ventaja al escoger las nueces como fuentes de antioxidantes: como generalmente se comen al natural (sin tostar), los antioxidantes no son dañados por el calor. Debo mencionar, sin embargo, que las nueces son susceptibles a la humedad y al calor, por lo que es muy importante mantenerlas en sitios frescos y secos, o bien, dentro del refrigerador (yo las pongo en la parte de los congelados, sobre todo si ya están peladas). 

Y por último, no nos olvidemos de que tienen un excelente índice de saciedad (lo que te deja más tiempo con el estómago satisfecho después de comerlas).
¿La cantidad? Una buena dosis diaria son unas 14 mitades (equivalente a 1 onza o 28g), aunque en el artículo de la American Chemical Society mencionan que hay beneficios aún con la mitad de esa cantidad.

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domingo, 25 de marzo de 2012

Omega 3: ¿Es bueno este aceite de pescado?


Hasta ahora hemos visto en qué semillas y aceites hay Omega 3, de cuáles fuentes proviene, algunos libros excelentes para estar más informados sobre sus propiedades. Hoy quiero hablarte acerca de cómo probar un suplemento de Omega 3.

Como siempre andamos a la carrera, usualmente dedicamos poco tiempo a comprar los alimentos más beneficiosos y, mucho menos, a prepararlos. Puedo agregar que, en el caso del pescado, esto se hace todavía más complicado.

“Huele…fuchi” (fuerte o mal). “Es caro”. “No lo puedo calentar en el trabajo porque mis compañeros protestan”. “No me gusta”. “Tengo alergia al pescado”. “Soy vegetariana”.

Hay razones y excusas a granel, así que, generalmente, les indico a mis pacientes, amigos y familia, que recurran a un buen suplemento de Omega 3 y que cuiden lo que comen.

¿Cómo escojo un buen suplemento?
Si no tienes reservas con las fuentes de origen animal,  lo primero es que contenga aceite de pescado. El problema es que no todos los aceites de pescado son adecuados.
Algunos tienen contaminación con metales pesados (principalmente mercurio) y PCB’s (compuestos organoclorados provenientes de los desechos tóxicos industriales).
Muchos contienen solventes orgánicos utilizados durante la extracción o procesos de refinación y destilación. Pero, no te compliques la vida con los términos, basta saber que estos nombre se refieren a cómo lo sacan del pescado y lo convierten en el líquido que va dentro de las cápsulas.
Estos son los criterios de elección que recomiendo:
  • De materia prima certificada (sin contaminantes)
  • Orgánico (sobre todo, si es un Omega 3 mixto de linaza y aceite de pescado)
  • Con garantía de satisfacción (más de esto en unos momentos)
Algunas marcas muy reconocidas no reúnen todos estos criterios. Y digo todos, porque ninguno de ellos es opcional. Si el suplemento de Omega 3 es de materia prima certificada pero tiene componentes vegetales agregados que no son orgánicos, vamos a tener restos de insecticidas y fertilizantes en ese suplemento. Y si se usaron solventes orgánicos para obtener y preparar el aceite de pescado, puede tener certificación de materia prima y, sin embargo, contener un compuesto que, como mínimo, será irritante para las vías digestivas.
Ciertos suplementos de muy buena marca producen sabor residual a pescado a los pocos minutos de tomarlos. Si la razón es una sensibilidad mayor a la usual, bastará con congelar el suplemento (si, congelar, no es un error de redacción), y tomarlo al final de la comida. Una muy buena marca de suplementos que yo uso en mi consulta obvia este problema de “regurgitación” añadiendo Omega 3 proveniente de la linaza y menos aceite de pescado.
Pero la causa en otras marcas puede ser la presencia de estos solventes orgánicos.





Hay una prueba muy sencilla que puedes hacer en casa para comprobar esto último. Todo lo que necesitas es un palillo de dientes de madera (“mondadientes”), un cubito de poliestireno (“anime” en Venezuela, o Styrofoam” para los sajones), y la cápsula del suplemento que quieres probar. Si tienes la piel de los dedos muy sensible, te recomiendo usar guantes (de cocina o de los descartables). La primera vez que hice las pruebas estaba tan entusiasmada con descubrir si las marcas más comunes en el mercado tenían ese efecto, que me quemé la punta de los dedos por no tomar esta previsión. ¡Imagínate lo que un suplemento de Omega 3 inadecuado puede hacer dentro de nuestro cuerpo!

Sobre la garantía de satisfacción: si no puedes devolver el suplemento después que lo probaste, dentro de los primero 90 días de haberlo comprado, y recuperar tu dinero, te aconsejo que cambies de marca.

Comparte este video con quien quieras. Está en Youtube y en Facebook.

lunes, 19 de marzo de 2012

Nueces y Semillas: las grasas al poder

Una pregunta frecuente que me hacen mis pacientes y lectores es acerca de la cantidad de nueces y semillas que pueden comer y cuánto es una ración.

Yo recomiendo que dentro de las porciones diarias de grasas saludables haya, al menos, 1 "porción" de nueces y semillas cada día. Casi a diario se publica un artículo científico acerca de los múltiples beneficios que tiene el comerlas, así que los invito a incorporarlas en el menú de todos los días. Van de maravilla para las meriendas y para esos ataques de "hambre" que nos sacuden en las tardes.

La porción quasi universal es ¼ de taza, aproximadamente 1 onza o 28g. Ahora bien, ¿cómo se traduce esa cantidad en términos más prácticos? 
¿Cuántas nueces, o almendras, o maní?

Si lanzamos esta pregunta en cualquier buscador en la web, podemos encontrar todo tipo de respuestas, algunas de ellas bien absurdas o inexactas. Páginas especializadas como www.nutritiondata.com, en cambio, tienen las respuestas correctas porque están basadas en ciencia y no en mitos o creencias populares. Ya sé que vas a protestar “¡está en inglés!” y ciertamente es así, y por eso quiero compartir contigo las respuestas…en español.

Cantidad de nueces y semillas por porción (puedes mezclarlas, como aparecen en la foto):


Almendras: 28, enteras y peladas (cada almendra, en general, pesa 1 gramo)
Merey: 20, enteros
Castañas del Brazil: 5-6, enteras y peladas
Avellanas: 20-21, enteras y peladas
Macadamias: 10-12
Pecan (una variedad parecida a la nuez, se usa bastante en los helados): 19 mitades, peladas
Nueces: 14 mitades, peladas
Pistachos: 49, enteros, pelados
Maní: aproximadamente 28 (sin cáscara)

Donde si no podemos usar esta cuenta común es en las semillas como las de girasol, auyama, ajonjolí, linaza, etc., ya que es absolutamente impráctico. Aquí sólo podemos recurrir a herramientas de la cocina: la cuchara, grande (sopera) o pequeña. Ambas pueden ser bastante inexactas, así que te sugiero que compres las que vienen “graduadas”.

Wikipedia Commons
En general, la porción de estas semillas es alrededor de 3 cucharadas.

Quiero aclarar que esta porción que les cuento No es la estándar utilizada en las dietas que se basan en calorías. Con la “grasa fobia” que hay en la actualidad, la porción que recomiendan las dietas bajas en calorías es apenas la tercera parte. Como mi orientación es a la salud y a los beneficios que acompañan a las semillas, esta porción proporciona 14 gramos de grasa (en contraposición a 5g, que es el tamaño de la porción estándar dietética). Aunque aporta más calorías, tiene ventajas difíciles de superar: dejan “satisfecho” el estómago (lo que se conoce como un buen índice de saciedad) y son ricas en antioxidantes, omega 9 y minerales. Y algunas, como las nueces, son una buena fuente vegetal de omega 3.
Si las acompañas con una fruta, se convierten en una excelente merienda, y quizás, para algunos, en una cena ligera.

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martes, 13 de marzo de 2012

Recetas de Omega 3


No son recetas de cocina. Son recetas de salud.

Uno de los aspectos más confusos de escribir una serie sobre el omega, es llegar a conclusiones útiles y prácticas para los lectores, sean del gremio médico, pacientes o público en general.
Así que haré una especie de resumen que pueda dar lineamientos, o un sistema a seguir.

Enriqueciendo nuestra alimentación en omega 3

Sardinas enlatadas, Wikipedia Commons
Primero, los que más: pescado, mariscos y sesos, en el reino animal
No todos los pescados y mariscos son tan ricos en omega 3 como el salmón, el atún (fresco y de piel azulada; el claro y el de lata tienen mucho menos), sardinas, caballa (macarela), jurel, arenques, pez espada o aguja (también se le conoce como atún "blanco" aunque no es atún como tal), las truchas. Aún el que no suma omega 3 de manera importante, ¡JAMÁS RESTA!

En cuanto a los sesos de res (y, en general, de otros animales terrestres como el cordero, el cerdo y el venado), tienen más omega 3 que el atún claro y el de lata (al natural), la trucha de criadero, la caballa o macarela, y el pez aguja. Aunque esta víscera no es de mi elección (por cuestión de gustos), vale la pena aprender a comerla. ¡No la enchumbes en aceite de mala calidad o en harina!

Wikipedia Commons, Lamb Chops, Tim P.
El conejo y el cordero: aportan omega 3 y mantienen un buen balance con el 6. Los animales de caza: no mucho omega 3, pero tampoco del 6. Por regla general, son pobres en todo tipo de grasa.

La carne de cerdo fresca: alrededor del 50% de su grasa es omega 9, menos del 10% omega 6, y escasamente tiene algo de omega 3. Esto se cumple también en la mayor parte de los productos que contienen carne de cerdo. Lo que la demoniza mucho menos, en términos de grasas, de lo que lo publicitan los "expertos" de nutrición.


Semillas de Chía, Wikipedia Commons
Del reino vegetal (¡no se quejen los vegetarianos!): algas, aceite de linaza, semillas de chía y linaza, aceite de canola, nueces. En hojas verdes (no marinas) y algunos otros vegetales: espinacas, col, berro, brócoli, coles de Bruselas, alfalfa, vainitas (judías verdes), ajoporro (puerros), calabacines, nabos y sus hojas. Lo que puede resultar sorprendente es que muchos de estos vegetales, en la porción estándar de 1 taza, contienen más omega 3 que 100g de pollo de criadero, carne de res o ternera. ¡Increíble!

Suplementos de omega 3: los hay con aceite y/o semillas de linaza, de aceites de pescado, y de algas; pueden contener exclusivamente aceites de pescado, o mezclas de éstos con aceite de linaza. Están apareciendo algunos con semillas y aceite de chía, pero todavía son raros y difíciles de encontrar.

Puntos importantes en los suplementos de omega 3: no toda la cantidad del aceite de pescado que está listada en las etiquetas de un suplemento de omega 3 corresponde a omega 3; la cantidad real es la que aparece como ácidos grasos EPA Y DHA. De no menor importancia es que la materia prima sea certificada, pues lo que menos deseamos es que tengan sustancias químicas contaminantes (llamadas PCBs) o metales pesados como el mercurio.

Aproximadamente el 50% del aceite de linaza es omega 3 (acido graso alfa linolénico o ALA); conjuntamente con las semillas de chía, las nueces, las algas y algunas hojas verdes, son la fuente de omega 3 que utilizan los vegetarianos, y no siempre  su organismo mantiene indemne la capacidad de transformarlo en sus parientes EPA y DHA, o son ingeridos en cantidades insuficientes. Respeto profundamente su elección alimentaria; sin embargo, la mayoría de mis pacientes vegetarianos exhiben síntomas de carencia de estos ácidos grasos, y esta es una observación cada vez más frecuente en las publicaciones, así que los invito a tomar suplementos de omega 3, sobre todo, aquellos que provienen de las algas marinas que contienen EPA y DHA.

El mensaje final: come mucho del mar, aprovecha las nueces, haz amistad con los vegetales verdes, supleméntate con omega 3, amplía tus gustos para comer sesos,y sólo “salpica” tu comida con carnes de animales terrestres. Claro, estoy hablando en términos del omega 3.

Todavía hay más. Revisa en mis próximos artículos para entender cuál es la importancia del omega 3 en nuestra alimentación (y porqué tanto afán en recomendarlo).

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lunes, 23 de enero de 2012

El Omega Equilibrista

Amén de enfrentar una semana de reinicio de labores en mi consultorio, he tenido una inusual serie de complicaciones, por lo que esta entrada lleva varios días de retraso. Y debo confesar, además, que tenía dudas de como comenzarla.  Mi lado científico me empujaba a continuar esta serie sobre los ácidos grasos detallando los beneficios del Omega 3 sobre una serie de órganos en nuestro cuerpo. El lado comunicador quería obviar la parafernalia de los efectos individuales e ir directamente a cómo tener balance entre omega 6 y omega 3.
Creo que a muchos lectores les interesa básicamente el lado práctico, así que gana la segunda alternativa.
Veamos entonces cómo lograr ese balance.

¿Aumentando el Omega 3?
En un mundo de alimentos donde el omega 6 está omnipresente y en cantidades desmesuradas, lo primero que se nos ocurre es aumentar considerablemente nuestras fuentes de Omega 3. Pero casi de inmediato nos enfrentamos con costos, gustos, oferta de productos, marketing,  dificultades de importación, y otra serie de detalles, que nos hacen sentir abrumados (yo diría que impotentes), y nuestra reacción es hacer caso omiso y aceptar que la vida es como es y que no tenemos muchas opciones de aumentar esas fuentes de omega 3.

La reacción de mis pacientes oscila entre “el no tengo dinero”, “no me gusta el pescado”, “no encuentro el aceite de canola”, “mi médico me dice que no hace falta”, y otras variantes que usan como excusas y que consideran totalmente válidas para no hacer cambios.
Y no les falta razón. Si para obtener el balance correcto la única respuesta fuera aumentar el consumo de omega 3, yo me sentiría igualmente abrumada. 

Al principio, sin embargo, yo pensaba que lo correcto era aumentar la dosis de omega 3 para acercarnos al balance apropiado. Pero aún 1 gramo diario de omega 3 (lo que recomienda la Asociación Americana de Cardiología, y que equivale a tres raciones semanales de pescado del tipo “azul o de aguas frías”, como el salmón o las sardinas), está muy por debajo de lo necesario. Si tomamos en cuenta nuestros hábitos alimentarios en la actualidad, necesitaríamos al menos 4 gramos diarios de ácidos grasos omega 3 para estar cercanos a ese balance.
Además,  ¿cómo les recetaba más cantidad si ya era difícil (y costoso) lo que ya consumían? ¿Debía conformarme con el pensamiento de que “tener salud” es para los adinerados?
Me indigna verme obligada a aceptar callejones sin salida. El que algunos pudieran comprar y tomar lo necesario y muchos otros no, me carcomía por dentro, porque la realidad científica me repetía casi a diario cuan dañino era no tener el dichoso balance.


Buscando Respuestas
La providencia (que yo llamo Dios) tiene su manera de hacer aparecer soluciones si persistimos en buscarlas. Cuanto más leía sobre omega, más convecida estaba de que tenía que haber una alternativa para países como el nuestro. En las publicaciones sajonas también encontraba la inquietud, como bien lo expresan Michael Pollan, en su libro In Defense of Food, la Dra. Artemis Simopoulos, en The Omega Diet, y Susan Allport, en The Queen of Fats. Y la respuesta no podía ser solamente aumentar el Omega 3 para compensar el balance. En los 3 libros aparecen referencias al Dr. Joseph Hibbeln, un médico investigador del National Institutes of Health, que condujo varios estudios acerca de la relación del consumo de Omega 3 y patologías que iban del ACV hasta el suicidio.  Como ya les mencioné en una entrada anterior, soy hija de la curiosidad, así que me zambullí en la web y fui a dar al American Journal of Clinical Nutrition buscando publicaciones, especialmente una del 2006. 


En el corazón de ese estudio científico, el Dr. Hibbeln planteaba una solución sorprendente, tanto por lo sencilla como por lo absolutamente VIABLE. No digo que sea fácil, sobre todo si tomamos en cuenta las dificultades regionales, pero... de que se puede, SE PUEDE. Y la respuesta no era otra que... ¡comer menos alimentos con Omega 6!


¿Disminuir los Omega 6 que consumimos en vez de aumentar el Omega 3?
Ya que tenemos poco control sobre cuánto omega 6 hay en los alimentos, ¿por qué simplemente no escogemos los que lo tienen en poca cantidad? De esta manera, en vez de necesitar muchos gramos de omega 3 para tratar de restaurar un balance casi imposible, nos bastarían unos 500mg diarios para lograrlo. La gente en Filipinas necesita menos.


Al elegir los alimentos que sabemos que tienen poco omega 6, y decirle NO a TODO lo que diga “aceite vegetal”, “manteca vegetal”, “aceites o grasas” provenientes del maíz, del girasol, de la soya, del algodón o similares, cambiamos dramáticamente la relación entre ambos omegas.


Resistencia al Cambio
Invariablemente hay reacciones negativas de entrada. Parece inconcebible que el aceite de maíz, por ejemplo, tan recomendado por los cardiólogos, sea un ayudante eficaz en la aparición de trombosis. O artritis.


Además, están los interrogantes de cómo preparar la comida: 
“Doctora, ¿y con qué voy a freír?”. 
"Con aceite de canola", les sugiero.
“Ah, sí, ¿y dónde lo consigo? Porque hace rato que no hay”
Y como en nuestro país, además de difícil de conseguir, es notablemente más caro que otros aceites vegetales, el “no puedo comprarlo”, o lo que quieras usar como razón,  se hace válido. 


Lo que Compramos
La verdad es que todo viene con algún tipo de “aceite o grasa vegetal”: los enlatados, las galletas, las tortas, los panes, la comida rápida, etc. La lista es interminable. Por eso es que tenemos 20, 30 o Dios sabe cuántas veces más omega 6 que omega 3.

Veamos alternativas: puedes sofreír con aceite de oliva. No, no todo, estoy de acuerdo, imposible hacer tajadas con aceite de oliva, o papas fritas. Pero puedes hornear el plátano, o cortarlo en tajadas y asarlo en el budare, sin aceite. Y en última instancia, escoge el de soya de vez en cuando, su relación es 8 a 1 (la del maíz es de 46 a 1, como mínimo). Puedes hacer papas al horno, al vapor, o dorarlas con un toque de mantequilla, que tiene toneladas de grasas saturadas y de omega 9, por lo que su proporción de omegas 6 y 3 es irrelevante.



Puedes dar preferencia a comidas en la calle que no sean fritas (el pollo en brasas es bien rico y no voy a discutir ahora lo de los radicales libres de la leña o del carbón). 
Puedes elegir enlatados sin aceites "vegetales" añadidos, pueden ser en agua, al limón, con tomates o en aceite de oliva.
Te inviato a descartar los platos que ofrezcan “mantequilla” en la confección, ya que en realidad los vegetales son salteados en margarina, al igual que el pescado, con lo que haces un negocio doblemente malo: la margarina tiene grasas trans y puro omega 6.

Todavía no termino pero te dejo más de la lista para la próxima entrada. 

miércoles, 4 de enero de 2012

The Queen of Fats: los omega 3


He estado leyendo mucho estos días y Dios me ha bendecido con algunos hallazgos estupendos que pienso compartir con mis lectores a lo largo de los próximos artículos.


El primer invitado a esta serie es THE QUEEN OF FATS, de Susan Allport, publicado por la Universidad de California en el 2006, y escrito, para usar las palabras de su autora, con el fin de explicar “por qué los omega-3 fueron removidos de la dieta Occidental y qué podemos hacer para volverlos a poner”.

Es un libro sabroso de leer y fácil de entender a pesar de que el tema es un poco complicado para los que no son químicos o biólogos especializados (no te creas, para el común de los médicos también es un tema escasamente comprensible, por lo que leerlo les haría mucho bien).

A través de su lectura pude entender por primera vez por qué se llaman “omega” los distintos ácidos grasos que debieran estar presentes en nuestros alimentos, por qué hay más de unos que de otros, y por qué no debemos comprar ciertas mentiras que la industria de los alimentos y la farmacéutica nos han estado vendiendo, y que han recibido respaldo tanto de los médicos como de los nutricionistas.

Susan Allport nos lleva de la mano para entender el intrincado mundo de las grasas. Resulta gracioso descubrir que hasta 1929 se creía que la única función de las grasas era aportar energía o servir de vehículo para la absorción de ciertas vitaminas, y que no se las consideraba esenciales para la salud. Yo digo que lo trágico es que con la manía LOW-FAT de finales del siglo XX, volvimos a las primeras décadas de ese mismo siglo por mucho tiempo y desechamos los beneficios de ciertas grasas (incluyendo algunas de las saturadas), y aún hoy en día, demasiados médicos y nutricionistas no creen en los beneficios que tienen los ácidos grasos omega 3.

Una pareja de científicos, George Burr y su esposa Mildred, demostraron en 1929 que los ácidos grasos esenciales clasificados desde 1923 como VITAMINA F, eran en realidad GRASAS. Uno de los conceptos mal entendidos es que como las grasas puedes ser sintetizadas por nuestro cuerpo a partir de los carbohidratos, no debían ser clasificadas como esenciales. Pero las grasas que nuestro cuerpo hace son rígidas y menos fluidas, más saturadas incluso que las encontradas naturalmente en el cochino o en los peces.

Los resultados de los Burr tardaron décadas en ser comprendidos completamente. Sólo a partir de 1960, con el desarrollo de la ALIMENTACIÓN PARENTERAL (INTRAVENOSA) TOTAL que se usa para sostener la vida de personas gravemente enfermas e incapaces de comer normalmente, fue que se entendió finalmente que las GRASAS son esenciales. Específicamente, los ácidos grasos omega 6 y omega 3.

En mis inicios en Terapia Intensiva, nuestros pacientes sólo recibían sueros intravenosos muy altos en azúcar con la idea fundamental de darles calorías. Eran pacientes gravemente enfermos que no podían comer o comían de manera insuficiente. La piel se les ponía seca y escamosa, con zonas enrojecidas. El cabello se adelgazaba notablemente y, en general, tendían a evolucionar tórpidamente, no sólo por su enfermedad de base, sino por la insuficiencia de grasas y minerales esenciales. Eso empezó a cambiar con la aparición de los primeros sueros con "grasa", que estaban hechos a base de aceite de soya, yema de huevo, glicerina y agua estéril. Era impresionante ver como muchos pacientes literalmente florecían con la administración de grasas intravenosas y minerales esenciales. Afortunadamente para estos pacientes, la yema de huevo les proporcionaba un tipo especial de grasa llamada fosfolípidos. Para entonces, el omega 3 era un ilustre desconocido.

Aunque hace bastante tiempo le vengo recetando omega 3 a mis pacientes, no entendí del todo que tan importante son estos ácidos grasos hasta no leer este libro. Ninguno de mis libros de texto en la escuela de medicina o durante mis especializaciones primarias lo mencionaban como esencial dentro de la alimentación. En medicina funcional, antienvejecimiento, integrativa, y quizás en la nutricional, en cambio, los ácidos grasos omega 3 verdaderamente son considerados como LA REINA DE LAS GRASAS.

Más en los próximos artículos.



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